Andrés Manuel López Beltrán ha solicitado separarse de la Secretaría de Organización del partido para competir por una diputación federal en Tabasco en las elecciones intermedias de 2027. La decisión, anunciada este lunes mediante una carta dirigida a la recién nombrada dirigente de Morena, Ariadna Montiel, supone el movimiento político más relevante del hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador desde que asumió un papel formal dentro de la estructura partidista.
En el documento, fechado el 25 de mayo en Ciudad de México, López Beltrán informa que dejará tanto la Secretaría de Organización del Comité Ejecutivo Nacional como su lugar en la Comisión Nacional de Elecciones. El motivo, explica, es contender “por la vía de elección popular” por un distrito electoral de Tabasco, que comprende municipios como Centro, Jalapa, Tacotalpa y Teapa, una de las regiones políticamente más simbólicas para el obradorismo.
El dirigente ha reivindicado en su mensaje los resultados de su gestión al frente de la estructura territorial de Morena. Asegura haber contribuido a incrementar el padrón del partido en 10 millones de militantes y ha subrayado la instalación de módulos de credencialización en todo el país. Su salida ocurre tras un periodo de desgaste interno para la dirigencia morenista y para la figura de López Beltrán.
Montiel ha dado una respuesta pública y casi inmediata a la solicitud de López Beltrán. En un mensaje difundido en sus redes sociales, la recién estrenada como dirigente de la agrupación guinda respaldó la decisión y aprovechó para hacer un repaso por la efímera carrera del hijo del expresidente dentro de la dirigencia del partido. “Agradezco, a nombre de Morena, tu trabajo, esfuerzo y dedicación para fortalecer la base militante de nuestro movimiento”, se lee en las primeras líneas del mensaje. La dirigente, además, ha reivindicado el trabajo del hijo del expresidente. “Has sido parte fundamental de una generación que sigue haciendo historia junto al pueblo de México, y estoy segura de que vienen nuevos retos y grandes logros para ti”, ha zanjado Montiel, quien le ha deseado éxito en su nuevo proyecto que apunta a una diputación federal por Tabasco.
El ascenso de López Beltrán, conocido dentro y fuera de Morena como “Andy”, estuvo marcado desde el inicio por el debate sobre el peso del apellido presidencial dentro del movimiento. Aunque durante el sexenio de su padre evitó cargos públicos, fue señalado durante años como uno de los operadores más influyentes en las decisiones políticas y electorales del obradorismo. Su llegada formal a la Secretaría de Organización, junto con la presidencia partidista de Luisa María Alcalde, en septiembre de 2024, terminó por convertirlo en uno de los rostros más visibles de lo que dentro del partido llaman, el relevo generacional.
Sin embargo, el experimento político mostró fisuras rápidamente. En múltiples publicaciones las tensiones entre López Beltrán y Alcalde, así como la creciente intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum en la conducción interna del partido. Desde finales de 2025 se asomó una pronunciada división dentro de Morena, marcada por agendas separadas y diferencias de operación política entre ambos dirigentes.
A ello se sumaron controversias públicas que golpearon la imagen de austeridad que Morena ha tratado de empujar. El episodio más costoso para López Beltrán fue el escándalo por su viaje de lujo a Japón, ampliamente difundido y convertido en gasolina política para la oposición. La polémica ocurrida después su derrota electoral en Durango y Veracruz, obligó al dirigente a bajar el perfil y detonó críticas incluso dentro del oficialismo, donde algunos cuadros consideraron que el caso dañaba el discurso ético del partido.
En paralelo, enfrentó cuestionamientos sobre presuntos vínculos de operadores cercanos con casos de corrupción y acusaciones relacionadas con contratos y manejo político territorial. Aunque ninguna investigación prosperó directamente en su contra, el desgaste mediático contribuyó a erosionar la imagen del hijo del expresidente en un momento en que Morena intentaba reorganizarse bajo el liderazgo de Sheinbaum.
La salida de López Beltrán ocurre, además, en plena reconfiguración del partido gobernante. Tras las tensiones internas y los malos resultados en algunos procesos locales, la presidenta Sheinbaum impulsó, han referido fuentes cercanas a la presidencia, una nueva conducción política encabezada por Montiel y Citlalli Hernández para trabajar en contener las fracturas internas y con sus aliados, el Partido del Trabajo y el Partido Verde rumbo a las elecciones intermedias de 2027.
La apuesta de López Beltrán de saltar de la dirigencia nacional para competir por una diputación en Tabasco representa un giro estratégico: dejar atrás la operación política interna para someterse, por primera vez, al voto directo en las urnas. El movimiento ocurre además en un momento delicado para su liderazgo dentro de Morena, apenas unos días antes de la elección local en Coahuila, una contienda bajo su responsabilidad política. Aunque se trata de unos comicios de alcance limitado —en los que se renovarán 25 diputaciones locales—, la elección se leía dentro del oficialismo como una prueba clave para medir la capacidad electoral de “Andy” y su permanencia en la dirigencia. El escenario no le era favorable: con el PRI perfilado como favorito, una derrota amenazaba con convertirse en el segundo revés electoral consecutivo para el hijo del expresidente y profundizar las dudas sobre su eficacia como operador político.




